Desayuno con Cristina Lázaro

Ochenta años dan para muchas historias, pero algunas destacan por algo muy sencillo y a la vez muy difícil: mantenerse fiel a unos valores. Lázaro, personas que alimentan a personas, acaba de celebrar sus 80 años de trayectoria, con la tercera generación tomando el testigo y proyectando el proyecto hacia el futuro.

En nuestro desayuno empresarial de este mes tuvimos la suerte de escucharlo en primera persona de Cristina Lázaro, Directora de Ventas y Desarrollo de Negocio, y de su padre, Severino Lázaro, CEO de la compañía. Cristina habla de su abuelo, fundador de la empresa, y resume muy bien la cultura de Lázaro con una frase suya: “El dinero lo puedes perder, y después con esfuerzo recuperar. Pero tu nombre no”. Esa idea del nombre, del prestigio y de la reputación recorre toda la conversación: esfuerzo, sacrificio, constancia y una forma de hacer que pone a las personas y a la tierra en el centro.​

Cristina habla de Severino con una mezcla de admiración y agradecimiento: “Mi padre es una persona que no conquista, crea valor”. Seve, por su parte, relativiza las épocas duras de la empresa con una serenidad aprendida tras décadas de oficio: “Todo son ciclos”. Y ambos coinciden en una clave para el relevo generacional: educar en valores, confiar en los hijos y ponerlos en primera línea incluso antes de que se sientan del todo preparados. Como dijo Seve, “tienes que creer en lo que haces” para salir adelante de las adversidades y seguir avanzando.​

Detrás de esta historia familiar también está la figura discreta pero fundamental de la madre de Cristina y esposa de Severino, a quien ambos describen como una gran mujer que complementa el espíritu visionario de Seve con un carácter prudente, con los pies en la tierra y muy orientado a la buena gestión. Otra pieza clave de un liderazgo que se construye en plural y en casa, antes incluso que en la fábrica o en los despachos.​

Desde el Círculo de Empresas Ateneo Mercantil queremos darles la enhorabuena, además, por su reciente incorporación a AVE, la Asociación Valenciana de Empresarios, un paso más en su compromiso con el tejido empresarial de nuestra Comunitat. Y, sobre todo, agradecerles la generosidad con la que compartieron aprendizajes, errores, aciertos y dudas, con una enorme naturalidad.​​

Un ejemplo de empresa familiar que demuestra que se puede innovar, crecer y transformarse sin perder el nombre, ni la esencia, ni los valores que lo sostienen.

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